Hagamos del sexo un arte
De la vida sin compostura
Del deseo la Naturaleza
Del contacto, la cama y la locura.
Hagamos del sexo un arte,
De la mezcla de cuerpos, los colores
De la voz excitante y los sabores
Hagamos del sexo un arte,
Que en él se nos acabe la vida.
Que la mente flote en goces,
Entre jadeos, la cordura.
Hagamos del sexo un arte
De la perversión nuestra ley
De los deseos nuestras reglas
Del querer nuestro rey.
Hacer el amor y no la guerra
Y del arte el sexo ser.
Que si se acaba la vida
De vírgenes no ser.
Hagamos del sexo un arte
Que valga la pena vivir
Si manos y pies de pintura,
De miembros al existir.
El título de esté, como saben, se debe a una canción muy sonada (romántica), que aunque tal vez ya no encaje mucho en esta época sigue siendo importante en nuestros días, pues quién no necesita de una bella canción para decirle adiós a la persona que alguna vez amó, y ya que las cosas se ponen cursis y melancólicas con ese toque de romanticismo, me tomaré un rato para hablar acerca de este tema.
¿quién no se ha enamorado? o mejor dicho ¿quién no se ha enamorado y en alguna ocasión tuvo la desgracia de sentir lo mismo que se siente al no ser “bien correspondido”?, y esque uno va por la vida, dándo pasos sin pensar caminando libremente feliz, feliz, feliz, cuando derepente se da la oportunidad de conocer a cierta persona que llena las espectativas o que en dado caso, (peor aún), nisiquiera es la cuarta parte de lo que buscamos pero nos cautiva con cierto encanto y termina enamorándonos; dejéme añadir y remarcar que aquí, hay de todo a todo, podemos vivir alguna que otra aventura con cierta persona, podemos incluso establecer una realción, pero en la mayoría de los casos (por no decir que siempre), suceden algunas rupturas por cualquisiera que fuerán las causas y entonces se da el momento de decir “adiós”.
Pues bien, les resumiré una historia verídica, no sé si alguien se identifíque con ella pero aquí vamos..