La gran noticia, o cómo la cocina y la música pueden llevarse bien
Hace mucho tiempo, cuando los dragones aún rondaban los bosques y el suelo pavimentado de paja, vivía una hermosa mujer llamada Marla. Era la quinta hija del panadero.
Marla pasaba el tiempo cantando a las afueras de la muralla. Su voz era extraordinaria, pero no podía cantar en público, le daba muchísima verguenza aún pensarlo. Su padre la regañaba cada vez que ella salía ya que le decía que era muy peligroso que saliera sin nadie que la acompañara.
Un día, mientras Marla cantaba escuchó una carroza acercarse, se asustó, se calló y se escondió detrás de un arbusto par que no la vieran (¿o fue por el susto que se cayó detrás del arbusto?). Era una Carroza Real, y logró distinguir las siluetas del lord y su esposa. Nadie hablaba y Marla, por miedo a que la llegaran a ver, parecía una madona tallada en mármol.
Parecía una eternidad el tiempo que se tomaba bara que la carroza se perdiera de vista. Y para cuando por fin lo hizo, Marla había perdido la ganas de seguir cantando. Cuando iba de camino a su casa, notó que todos estaban limpiando las calles y adornando sus casas. El Lord traía buenas nuevas: El príncipe iría hasta Stafford a celebrar los treinta años de reinado de su padre. Y para celebrar pidió que el hijo mayor de cada familia preparara un espectáculo.
El panadero tenía sólo hijas, así que preguntó qué se debía hacer en su caso, y le dijeron que no importaba, pero que para ese día sus panes deberían ser los mejores que hubiera hecho antes. Y el panadero se preocupó mucho, ya que estaba muy viejo y no tenía a quién heredarle el nombramiento de panadero. Sus habilidades para hacer el pan había bajado desde que los temblores llegaron a sus manos.
Mandó llamar a sus hijas y les contó todo lo sucedido, y Marla, que había visto muchas veces a sus padres hacer el pan, dijo que ella podía hacer el pan desde ese día y dejar que su padre descansara de su oficio. El padre se negó rotundamente y la castigó por decir eso. Marla intentó convencerlo, pero el padre seguía negandose.
Al día siguente, muy temprano en la mañana y antes de que saliera el sol, Marla bajó a la cocina para prepara la masapara hacer toda clase de panes, dulces, salados, crujientes y blandos y en todos tamaños y formas. Los hornos estaban rebozando y cuando el padre despertó había un olor que impregnaba toda la casa, bajó y vio la mesa llena de canastos con panes listos para venderse. Cuando se enteró que Marla había sido la cocinera la mandó encerrar a su cuarto por desobedecrle.
Como no había sobrado harina, el padre tuvo que vender los panes que Marla había hecho, no llegó a vender todos, pero sí una gran cantidad de todos los que tenía. Cuando estaba a punto de irse a dormir escuchó que tocaban la puerta. Al abrirla vio a varias personas y todas lo felicitaron diciéndole que si seguía haciendo así los panes, el príncipe se pondría muy contento en su visita.
Después de razonar, el padre le quitó el castigo a su hija y le permitió trabajar con él en la cocina.

