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Artículos etiquetados y‘Chiste’

Carta a un loco

1 agosto 2011 5 comentarios

¿Por qué habría de importarte tanto? ¿No has aprendido? Absolutamente nada en este mundo está seguro. Y lo sabías entonces, lo sabes aún más ahora, y lo sabrás siempre. Está bien, está permitido y es importante que imagines cómo serían las cosas, que valores tus posibilidades, que sueñes con eso. Pero perdiste el tiempo. Concuerdo contigo, es difícil arriesgarse de esa forma, y más siendo como eres de inseguro, más sabiendo que el temor de perder estará siempre presente en todas tus acciones, hasta en las más sencillas.

¿Por qué habría de importarte tanto? Prácticamente, no perdiste algo. No era tuyo, no lo tenías, no podías decir que tu mano lo portaba en su palma, no podías afirmar que estaría ahí para ti cuando lo necesitases. Y aquí estás de nuevo, jugando al escritor dolido, al bohemio solitario, al músico incomprendido, al hombre destrozado.

Entiendo. Veo lo que te pasa. Tu memoria es muy frágil, no porque no pueda llevar toda esa carga que tiene y que aun así puedas agregar algo más, si no que es traicionera. Se quiebra con el simple pensamiento, con visualizar una imagen similar a otra que lleva guardada en su saco lleno de charlas, burlas, errores, estupideces. Actúa como si le hubieras pedido que reconociera la situación, como si su sistema de reconocimiento tuviera patrones grabados.

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Narración De Una Aventura Fantástica

24 noviembre 2010 6 comentarios

El sol resplandecía en lo alto, así que el termómetro tenía trabajo ese día. Bueno, siempre lo tiene, pero hoy trabajaba más porque la temperatura superaba los 25° C. Y es que el frío a veces lo deja trabajar “a fuego medio”. Pero no hoy.  A penas y había viento, pero donde yo estaba no se podía apreciar. Sólo lo notaba por las hojas de los árboles, que se movían repentinamente, disfrutando de su ir y venir por acción del fluido que a veces silbaba, embelleciendo cada situación con aquel sonido pegajoso, sonido versátil, que también podía aterrorizar en los momentos más sombríos. Pero, ¿cuál sombra ese día de sol?

La música resonaba fuerte en mis oídos. Prefería eso a escuchar cualquier tontería de alguna de las muchas personas que me rodeaban en ese momento, o escuchar el rumor de alguna máquina, o alguna barra torciéndose. Incluso, era posible que me estuviera evitando escuchar que mencionen de alguna forma extraña a la madre de alguien, algo como: “Oye, eres el primogénito de una mujer de dudosa reputación… (Creían que diría la grosería, ¿no?), o cualquier cosa así. Prefería hundirme en la revoltura de mis pensamientos, ahogarme en las ondas sonoras emitidas desde el reproductor mp3, a través del cable de cobre, directo a los pequeños auriculares que ocupaban mis orejas.

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Sintonía

30 septiembre 2010 7 comentarios

El viento entra por la ventana. No puedes darte el lujo del aire acondicionado. Un pequeño ventilador apoya a la ventana en su intento de refrescar a esa habitación. Y lo necesitas. El calor no te permite pensar. Aunque en ese momento te beneficiarían más otras cosas, tú continúas con la idea de que el ventilador disipará los problemas en el aire que sopla. Agradeces que el calor no sea sofocado, que te permita al menos tener momentos de frescura que te da la oportunidad de aún tener un poco de cordura.

El agua se calienta en la estufa, en una pequeña olla que ha sido parte de tu vida desde aquel día que requeriste de un poco de café, un poco de energía, un poco de capacidad para resistir mejor los embates del día a día. Pero has cambiado tu bebida caliente, ahora prefieres el té, intentas relajar tus nervios, conservar la calma que crees te permitirá desarrollar ideas. –

-¿Será muy raro que yo caliente agua en este día?- te preguntas, oyendo el eco de tu propia voz en la soledad, contestándote únicamente el tic-tac del reloj. -A quién le importa- terminas por decirte, recalcándote a ti mismo la soledad en la que te encuentras.

Marca las cinco de la tarde el reloj y te das cuenta de todo el tiempo que ha pasado desde que decidiste que tenías que hacer algo nuevo. La radio encendida confirmaba el tiempo. La radio. “¿Prendí la radio?” piensas. No existe un recuerdo de eso en ti. Pero es la única explicación. Nadie más pudo prenderla. “¿Fantasmas? ¡Ridiculeces!” suena en tu mente.

El sillón está un poco hundido en medio.  Cualquiera podría notar dónde has estado. Pero no importa, tu único testigo es un saxofón. Tu único amigo, además de tu máquina de escribir. Lo tomas con las manos y lo colocas en posición. Parece surgir algo, así que apagas la radio.

-¿Será la canción que estaba escuchando?-te preguntas temeroso, no puedes soportar más plagios.

Comienzas a soplar…

“Algo me falta”, piensas, “la inspiración solía ser mi amiga. Las ideas salían por exceder la capacidad de mi mente de retenerlas. Necesito experiencias nuevas, quiero…”

A penas una nota y descubres que es inútil. La idea no fluyó hacía los dedos. Vuelves a concentrarte en tu té. Regresas a ese estado pasivo en el que has estado los últimos tiempos. Regresas a meditar, a repensar tu vida, regresas a aquella canción de Pink Floyd que te habla sobre el paso del tiempo por la vida. “Ya saldrá algo” dices para ti, sabiendo que bien puede ser una de las más grandes mentiras que te habrás dicho en toda tu vida, tu vida llevada al borde del desastre, decepciones que te han marcado, indecisiones, dudas, que se conjugan con los anhelos, los sueños, los ideales, en una especie de rara infusión agridulce, líquido amargo con un toque de azúcar, mezcla horrorosa de ilusión y decepción.

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Situación Actual

10 mayo 2010 2 comentarios

Interesante.

Las cActualidadosas siguieron un curso relativamente esperado. No creí que pudiera pasar realmente, pero así fue, lo previsto, o parte de ello, resultó ser así. Sin más. Al principio creí que lograría algo diferente, que el poco esfuerzo que hice iba a dar frutos muy grandes. Y no, sólo me llevaron a una intranquilidad primera, y después a una paz no muy profunda, pero a resumidas cuentas, era paz. Y después, la palabra que remarqué en aquel escrito lo describe casi a la perfección, como si esta hubiera esperado que algo así pasara sólo para nombrarlo, sólo para describirlo: nada. Quedo en una simple, mísera, burda y llana nada. Y ahora las dudas volvieron, no tan fuertes como ahora por que cierta certidumbre se clavó en nuestros corazones, es más una incertidumbre de mera desconfianza basada en los hechos, hechos que nos carcomen por dentro hasta que nuestras entrañas añoran haber hecho algo distinto.

Sólo espero que después de esto obtenga una respuesta, espero que la verdadera estabilidad tome lugar después de esta extraña tormenta intermitente, espero haber aprendido algo, que la luz de la lección que hay para nosotros cada día que pasa, me deslumbre hasta dejarme ciego,  sólo que mi verdadera felicidad comience y que los baches que existan después en el camino los pueda superar sin tanto drama como el actual. Sólo espero una respuesta casi absoluta sobre lo que debe suceder. Sólo espero sonreír a todo de nuevo, como solía hacerlo en aquel tiempo en que todo parecía estar frente a mí, que sólo tenía que escoger al azar, ya que todo en ese estante de la vida, lo que escogiera, me hubiera hecho sonreír.

Sólo espero ser feliz.

(Para seguir llenando espacio, esto si se llama bloqueo de escritor…)

¡Y Cómo Lastiman Los Celos! (Tomado del libro de Luis Carlos Álvarez Fresón: “Atardecer de un Ocaso Crepuscular”)

17 marzo 2010 1 Comentario

¡Y Cómo Lastiman Los Celos!

Te seguí Elena, desesperado e inerme,

junto al mar de iridiscente espuma

indefenso hasta el paroxismo.

Tal vez no quisieras verme,

tal vez fuera la bruma

O tal vez fuera tu astigmatismo.

¡Y cómo lastiman los celos! (Ay!!!)

Caminabas descalza por la arena

y yo caminaba detrás, arrastrando mudo mi condena,

adorándote en silencio desde lejos

y te grité cuando no pude más

¡cuidado con los cangrejos!

¡Y cómo lastiman los can… los celos!

No me contestaste, Elena,

pero te seguí por la playa con mi pena,

alucinado por la magia de tus ojos azabache,

y vacilé al escribir tu nombre en la arena

pues nunca supe bien si Elena es con “H”…

(No es mío, es bien robado del sketch cómico-musical “El bolero de los celos”, de los argentinos “Les Luthiers”)

Monadrums

26 noviembre 2009 Deja un comentario

Había en alguna ocasión un animal verde..

lo aplaste y me dí cuenta que no era un animal.. era una hoja..

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