Aburrimiento Romántico
El aburrimiento se notaba hasta en su rostro, un rostro con algunas ojeras apenas notorias, pero perceptibles a
cualquiera que le pusiera siquiera un minuto de atención. Su cabello a penas de notaba ordenado y se podía incluso llegar a creer que no se había bañado, ya que proyectaba una imagen enferma. Lucía un rostro sombrío, con la mirada perdida y su cabeza tan llena de pensamientos, que ninguno se sentía real, ninguno podía ser analizado, por lo que la sensación de mente en blanco era terriblemente grande, tanto que el sentimiento de estupidez, poca valía y carencia de sentido de vida se agolparon y provocaron en sus ojos un efecto brilloso al contacto con la luz.
La oscuridad de sus aposentos era interrumpida en la puerta por una luz proveniente del pasillo y por la ventana algunos pequeños rayos de luz de alumbrado público (una luz amarilla que hasta calaba en la frente y causaba mal sabor de boca) se filtraban por la fina cortina, y profanaban su recinto de amargura, soledad, decepción, espesa oscuridad que reflejaba todo lo anterior y sobre todo, aburrimiento atroz, que momentáneamente se olvidaba con canciones tontas de la adolescencia y juegos que confirmaban aún más su soledad, pero que al volver la mirada, el aburrimiento volvía y lo invadía completamente, sin que él pudiera hacer algo.
Hace algún tiempo todo le parecía simple, girar su cabeza y ver las maravillas de un mundo fantástico, resolver los problemas y continuar, seguir con una sonrisa sincera en su rostro y su corazón. Sentirse en la cima, sentir el viento en su rostro mientras prácticamente volaba sobre todo lo demás, nada parecía ser tan grave, nada podía detenerlo, al menos eso creía él.
En ese momento ya no importaba, pasó, descubrió que realmente algo lo podría detener, algo podría impedir su avance feliz por la vida, la seguridad era la gran ausente de la historia de su vida.







